Ya se ha terminado nuestra aventura peruana y ahora nos encontramos en Bolivia por la que haremos una breve pero intensa pasada que en el próximo capitulo que será en tan sólo unos días, os contaré.
Deciros que después del sofocante calor y el extenuado agotamiento que llevabamos acuestas, llegamos a la bella ciudad de Cuzco. Temíamos por el mal de altura pero el leve dolor de cabeza que nos invadió el primer día se solucionó con unos cuantos mates de coca. La ciudad no sólo tiene una arquitectura colonial preciosa sino que a cada paso que se da por ella se respira vida y eso mismo nos hacía falta a nosotras, vidilla para el body!! Conocímos a un grupo de tatuadores con muy buena onda que nos mostraron en un escarabajo rojo las afueras de la ciudad que también poseen ruinas arqueológicas importantes (Además pude conducirlo! jiji). Pasados unos días tomamos rumbo hacía Ollantaytambo un pueblo que aún conserva en sus calles adoquinadas, canales de riego, sumergido en un hermoso valle rodeado de montañas con ruinas incas. Parece que el tiempo se hubiera detenido en ese lugar... Desde allí tomamos el tren a Aguas Calientes o también conocido como el pueblo del Machu-Picchu. El trayecto fue memorable por los paisajes que desde el mismo se podían divisar.
Del pueblo de Aguas Calientes poco hay que decir, es más bien un lugar acondicionado para los turistas, en especial para los "gringos". Pero al día siguiente, a las 5 de la mañana, cargadas de emocíón, llegamos a las ruinas del Machu-Picchu. Describirlo con palabras es difícil, por muchas veces que lo hayas visto por televisión la sensación de encontrante allí, en ese lugar mágico, nos hizo disfrutar como dos niñas pequeñas.
De allí nos dirigimos de nuevo a Cuzco, para despedirnos de la ciudadad que tan bien nos había acogido y tomamos camino hacía Puno, la última ciudad peruana (a orillas del Lago Titicaca) que visitaríamos. Ahí sí que sí, el gélido frio se apoderó de nuestros cuerpos. Al día siguiente de llegar, tomamos una embarcación para visitar las islas flotantes de Uros y la isla de Taquile. Las primeras de ellas están creadas de una especie de junco que se llama totora que es lo que hace que flote sobre el agua, sus habitantes sobre todo las mujeres lucen unas vestimentas de lo más coloridas. En la segunda isla, ya de tierra firme, nos tocó ascender por un camino empedrado hasta llegar a su animada plaza. A destacar también los ropajes tanto de mujeres como de hombres, éstos últimos tejen ellos mismos unos gorros que podrían parecer de dormir, pero que através su color indican si están solteros o casados. Las vistas desde allí del lago Titicaca eran impresionantes. El camino de vuelta en el barco navegando por el friiisimo lago Titicaca estuvo marcado por el overbooking de la embarcación, donde nativos y algunos turistas estábamos apilados en busca de calor humano, aunque tampoco sobraba espacio, es más, no podría decirnos ni de que color era el suelo, todos juntos hacíamos un manto multicolor, jeje. Al día siguiente tocaba cruzar frontera hacía Bolivia, donde una vez más los policias se preocupaban más del ligoteo que de agilizar los trámites.
Bolivia, un nuevo país del que en breves días os contaré... si nuestros dedos logran desentumecerse del frío para poder teclear...
| Plaza de Armas. Cuzco. |
| Tomando un mate de coca. Cuzco. |
| En la cima del Machu-Picchu. |
| Vistas del Machu-Picchu. |
| Llama purificáme!! |
| Investigábamos, pero creo que todo estaba descubierto. |
| Señora en la ciudad de Puno. |
| Isla flotante de Uros. |
| Habitantes y embarcación típica de Uros. |
| Lago Titicaca. |
| Niñas.Isla de Taquile. |
| Niños con vestimenta tradicional. Isla de Taquile. |